El ponente
plantea la siguiente situación: alguien que opta a trabajar en la universidad
en el departamento de sociología de la educación responde lo siguiente ante una
pregunta sobre la igualdad: La Ley General de Educación del 70 tuvo importantes
consecuencias positivas è por tanto, aumentó la igualdad de
oportunidades. En un primer momento parece poco discutible… Sin embargo, Julio
Carabaña irá desmontando con datos esta afirmación, a pesar de que para sus
compañeros de departamento no fuera discutible.
Los resultados de
las fuentes que el autor ha explotado estadísticamente demuestran que los
hombres venían aumentando su participación en el sistema educativo general
durante todo el siglo XX, con más intensidad los hijos de las clases no
manuales è igualdad creciente.
Después de la Ley General de Educación del 70 ha oscilado: primero bajaron los
porcentajes, después subieron entre los nacidos entre 1971-1975 y a partir de
ese momento se han estancado las tasas de participación. Las leyes comprensivas
detuvieron, congelaron las tasas de participación de las diferentes clases sociales,
dejaron la desigualdad donde estaba. Si comparamos las cifras de los hombres nacidos
entre 1951-1955 y los nacidos entre 1986-1990 las cifras de participación son
muy similares. Así lo asegura Julio Carabaña.
Y en la relación
a las mujeres… hasta la ley del 70 sucede lo mismo que con los hombres, pero
con más intensidad. Todas las clases sociales incrementan su participación en
el sistema educativo no obligatorio general, el incremento es mayor porque
partían de una situación muy inferior. Anteriormente muy pocas mujeres
estudiaban bachiller. Aumenta durante el franquismo y entre los años 50-60
pasan a tener las mismas cifras que los hombres. Las hijas de los profesionales
que hacen bachiller pasan del 30% al 70-80%, pero las hijas de obreros agrarios
son las que menos progresan, del 0,1 al 1,1%. Con la ley del 70 la participación
de las mujeres de todas las clases sigue creciendo, pero más de las clases
menos manuales è aumento
de la igualdad. El estancamiento llegó a partir de las nacidas en el 71-75 è desigualdad
congelada.
Destaca tres
cuestiones:
1.
El
ponente defiende la pertinencia de un enfoque
individualista: evita, siempre que puede, hablar primero de expansión
educativa y de preguntar luego cómo esa expansión influyó en las diversas
clases porque eso significa que fue antes el todo que la distribución entre las
partes. La expansión educativa se produjo en el sistema y luego se dividió
entre las clases. En este caso, prefiere el otro punto de vista: ver primero la
participación de las diversas clases y no del conjunto. Los diversos actores
logran enviar a sus hijos al bachillerato o a la universidad sin tener en
cuenta el contexto, aunque depende de él y luego por estas acciones
individuales crece el conjunto. Depende del contexto, del sistema, de la
legislación, de los recursos económico o de la oferta de escuelas, también. El
estudio histórico demuestra que cuando todo se contrajo después de la Guerra
Civil (no se alcanzó el nivel de la República hasta 1955), el número de alumnos
y de alumnas se incrementó, a pesar de que se redujeron los recursos públicos
(reducción de institutos, por ejemplo) y los privados, la renta de las familias
en general disminuyó. La clave del asunto está en el alumno libre de bachillerato,
se hace sin puestos escolares, el maestro prepara al alumno de lo que se va a
examinar en el instituto, llegaron a ser la tercera parte. Tienen más
importancia los recursos privados y las decisiones personales por eso el
ponente cree que el mejor enfoque es el individualista. A partir de 1955 hay
más recursos privados, pero no públicos.
2.
Ambigüedad del concepto de igualdad. Criterio que se debe utilizar:
considerar los puntos porcentuales en los que aumentó la participación cada
clase social. Cuando Julio Carabaña habla de igualdad y desigualdad se refiere
al aumento o disminución de las diferencias absolutas. Otro criterio utilizado
normalmente: las dobles razones è estadístico: es poco intuitivo. Un
tercer criterio: la diferencia relativa, no a lo conseguido sino a lo que me
queda por conseguir, si una clase aumenta diez puntos y tenía 10 es que aumentó
10 sobre 90 que le faltaban para llegar a 100, otra que aumenta 10, si tenía 50
aumentó 10 sobre 50, por tanto aumentó 1/5 que es más que un 1/9. Si los
porcentajes de las clases disminuyen probablemente sea porque se han creado
dificultades. La justificación es que si los porcentajes de las clases
disminuyen por efecto de políticas educativas es porque se han creado
dificultades è entre el bachillerato y la universidad
hay un porcentaje que no decide no ingresar en los estudios superiores, el
criterio ahí es el relativo, si tenemos 50 bachilleres de una clase y 20 de
otro debería llegar el mismo porcentaje.
3.
Metodológico-moral, que se conecta con las descripción
anterior es la deseabilidad moral y política de la igualdad, se debe poner en
cuestión. Hay que hacer una distinción entre igualdad “buena” e igualdad
“mala”. Hay una igualdad de la que nadie debe quejarse: todos mejoramos, además
mejoran más los que estaban peor (casi inobjetable) o todos mejoramos. Es buena
la desigualdad cuando afecta o mejora la posición de los peores. Pero hay una
igualdad que es más difícil de defender que es cuando la participación de todas
las clases baja. ¿Debemos alegrarnos si la tasa de los que estaban mejor baja
porque la de los que estaban peor no ha bajado, o lo ha hecho en menor
proporción? è desigualdad mala (por debajo). Y
desigualdad “ambivalente”, que es cuando la situación en menos nítida. Hay un
momento en que la participación de los hombres de todas las clases desciende y
coincide en el tiempo con el nacimiento de políticas que buscan lo contrario.
En relación a las
tablas que el autor utiliza, intenta ilustrar con cifras la información que ha
dado. Los que nacieron entre el 61-65 estudiaron con la ley del 70. Los que
nacieron entre el 31 y el 45 es una corte de la guerra y la posguerra. Tomando
como referencia el 51-55 se ve que todas las tasas de los hombres de todas las
clases crecen entre el 31 y el 45. Crecen todas las clases: ¿aumentó la
igualdad? Con el criterio de diferencias absolutas no. Aumentaron los
porcentajes de los hijos de los profesionales de 50 a 61% (11 puntos en
términos absolutos/ 20% en términos relativos). Aumentaron los hijos de los obreros
del campo, de 1,7 a 4,8% tres puntos en términos absolutos (200% en términos
relativos) y la masa de los hijos de los obreros industriales, pasan del 8 al
14%, 6 puntos en términos absolutos (casi doblan en términos relativos).
Crecieron más en términos absolutos los que tenían más, sin embargo, en
términos relativos los que más aumentaron su participación en la educación son
los hijos de los obreros del campo. No hay una diferencia real entre el 51-65. Y
por último, en los años 70 hay un aumento ligero o casi estancamiento (momento
en el que comienzan las leyes educativas del siglo XX). El ponente utiliza
datos del INE de 1991.
En conclusión, la
teoría que propone Julio Carabaña es que en el momento en el que comienzan a
aprobarse leyes educativas, los porcentajes de participación en la educación
dejan de aumentar en las mismas proporciones
en las que lo venían haciendo. Con las cifras que aporta queda
demostrado. La metodología para conocer si se tiende a la convergencia con los
porcentajes de cada clase, en mi opinión, es acertada en este caso. Si
utilizáramos las cifras en términos relativos el resultado quedaría
distorsionado, pues lo que realmente estaríamos haciendo es valorar la
progresión de cada clase social y no la comparación entre todas ellas. Por
ejemplo, con los datos anteriormente dados: en términos relativos los hijos de
los obreros del campo aumentaron aproximadamente un 200% (entre 1,7 y 4,8%) y
los hijos de los profesionales alrededor de un 20% (entre 50 y 61%),
llegaríamos a la conclusión de que la desigualdad ha disminuido, pues ha habido
un incremento muy notable de los primeros; sin embargo, en términos absolutos,
la diferencia entre las dos clases pasa del 48,3% al 56,2%, es decir, aumenta
la desigualdad.
Por otro lado,
sería necesario profundizar en otros factores a los que no se presta especial
atención en la conferencia. Hablando sólo del incremento porcentual de los
estudiantes por clases sociales no llegaremos a comprender por qué sucede ni
cuáles son sus causas. Será imprescindible atender a la situación política,
económica y social a nivel general, pero, fundamentalmente, a la evolución y
los cambios que sufre cada clase social en estas décadas, y, algo muy
importante, valorar los datos atendiendo por situación geográfica. Con todo
ello se podrá realizar una conclusión en mayor profundidad de la evolución de
las cifras de estudiantes por clase.
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