martes, 5 de noviembre de 2013

Recensión. Manifiesto: Por otra política educativa


La actual situación política con respecto a la educación llevó a que un importante número de profesionales de la educación se reunieran en octubre de 2012 en un foro en Sevilla con la intención de proponer alternativas a la LOMCE. Este hecho se produce con el fin de analizar, en primer lugar, las negativas consecuencias que el citado proyecto tendrá para la educación.

En primer lugar, es importante destacar la influencia del funcionalismo y de la Teoría del Capital Humano en esta ley. El utilitarismo de la educación es el eje central de la LOMCE, utilizando términos como competitividad, limitan la capacidad del aprendizaje a una futura productividad. La educación no debe atender a los dictados de los mercados. La escuela pública no puede ser utilizada exclusivamente para formar “ejércitos” de especialistas. La educación que quiere la LOMCE se hace instrumental y dependiente de la economía. Sin embargo, parece que olvidan que el Estado debe garantizar el derecho a la educación y hacerlo en condiciones de igualdad, atendiendo fundamentalmente a la diversidad para conseguir ser realmente integradora.

También señalan algo característico en la orientación de las políticas educativas del PP como es su evidente desprecio a la escuela pública a los trabajadores públicos en contraposición a los privilegios que cada vez más tiene la escuela concertada y privada. Cuando nos comparan con países como Finlandia no atienden a los factores que no les interesa, uno de ellos el porcentaje de alumnos y alumnas que asiste a centros públicos. En España sólo el 68,5% de alumnos y alumnas de primaria están matriculados en escuelas públicas, en Finlandia la cifra asciende hasta 98,6%. Sin embargo, en este país se suceden las ayudas económicas a los centros privados que además favorecen la segregación por sexo y por clase social en muchos casos. Como bien dice el manifiesto: “se está financiando la desigualdad con fondos públicos”.

Otro punto a destacar es la escasez, por no decir ausencia, de debate en torno a la ley del PP. Cuando la legislación educativa no consigue un importante consenso, no sólo político sino fundamentalmente de la Comunidad Educativa, está abocada al fracaso. Para darle el valor que merece, la educación debe disfrutar de una estabilidad que en este país no tiene. En el foro se recuerda que el sistema educativo no puede tambalearse con cada cambio política, como así sucede.

Si bien podríamos hacer un profundo análisis de las diferentes medidas que plantea la LOMCE: la segregación por sexo, la obligatoriedad de la religión, la reducción de la comprensividad, la falta de atención a la diversidad, las pruebas externas que nos evalúan a todos con tabla rasa sin atender a otras inteligencias como bien explicó Gardner, la disminución de participación, de transparencia, de solidaridad… Es con la eliminación de la poca democracia que existía en los centros con lo que realmente han demostrado su falta de apoyo y de compromiso con la escuela pública. Que el Consejo Escolar pase a ser consultivo y que la toma de decisiones pertenezcan exclusivamente a la competencia del director o directora, elegido o elegida por la Administración, no representa más que la politización de los centros educativos y la apertura a una futura privatización.

Por otro lado, los rankings a los que se someterán los centros no llevará más que a una desigualdad más profunda entre ellos y, por ende, de los alumnos y alumnas. La posibilidad de acceder a los mejores centros (según este enfoque) quedaría para los excelentes, mientras que aquellos y aquellas que necesiten una atención especial comenzarán a ser segregados en los centros con menores puntuaciones. Sin embargo, y aunque pareciera lo más lógico (lógica no compartida por este Gobierno) los centros cuyas problemáticas sean mas complejas no recibirán más ayuda del Estado ni de la Comunidad Autónoma para subsanar, en la medida de lo posible, la desigualdad con los “mejores” centros. Nos encontraremos con una lucha por los mejores alumnos y alumnas, cuya educación se limitará, en la mayoría de los casos, a aprender lo que se exige en la evaluación externa que le dará la nota al centro, a parte de al alumno. Las cuestiones no evaluables pasarán desapercibidas a cambio de convertirnos y convertirlos en los más competentes desde los enfoques economicistas.

La inversión en educación es imprescindible para garantizar la igualdad de oportunidades de todos y todas y para tener una sociedad crítica, autónoma, educada en valores… Sin embargo, los conservadores en España no comparten el mismo enfoque, lo que se evidencia en el gráfico sobre la evolución del gasto público en educación (en porcentaje del PIB). A pesar de encontrarnos en una situación económica boyante en los primeros años del siglo XXI, esto no se tradujo en una mejora en la inversión educativa. Entre 1999 y 2006 el porcentaje del PIB destinado a educación se mantuvo entre el 4,30 y el 4,43%, prácticamente estancado. Pero si observamos la evolución entre 2006 y 2009, en solo tres años, el porcentaje pasó de 4,31 a 5,07%. Las personas que piensan son peligrosas, parecen creer.

Como conclusión, me gustaría parafrasear un párrafo del manifiesto: “las políticas educativas más adecuadas, tanto desde un punto de vista pragmático para mejorar los resultados, como desde la aspiración y búsqueda de la justicia, son las que van dirigidas a hacer posible el cumplimiento del derecho a la educación para todos (y añado yo: todas); son aquéllas que tienen carácter compensatorio, las que se dirijan a mejorar los resultados de los más débiles. No es éste el espíritu de la LOMCE”.





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